viernes, 7 de octubre de 2016

Cuidado

Cuidado con hacerme daño, dicen que soy inflamable y volátil. Con una chispa, desaparezco, sin dejar rastro, tranquilo, tampoco dejo heridos. Como si nunca hubiera existido. Tal vez, con suerte, o no, te lleves contigo un trocito de mi tras la explosión, algo así como una cicatriz que no te das cuenta de cómo te hiciste pero que está ahí y nunca cicatriza, pero no, no duele, tampoco sabrás nunca de que es.
 Para cuando descubras esa marca, si la tienes, yo ya habré volado y estaré intentando anidar en otra persona, a ver si puede sostener mi nido sin que arda. Parece que nadie puede.


Seguramente, varios años después, nos encontraremos por la calle y sin que sepas porqué mi sonrisa te dolerá, como a mí me dolieron las lágrimas que me hiciste malgastar.  Las cuento, cuantas más hayan sido, peor lo pasarás al verme, sin saber por qué. Las lágrimas cristalizarán y me harán brillar. Los científicos lo llaman belleza.

domingo, 2 de octubre de 2016

Nada


Nada.  
Eso es todo lo que siento ahora. Y es genial, porque no duele. Si cierro los ojos, sí. Por eso ya no duermo, para que no duela. Simplemente estoy y ,aunque parezca que no, ya es un gran esfuerzo para mí, dada la situación. 
Supongo que llegará el día  en que respire de manera automática y no tenga que pensar todo el rato en que tengo que hacerlo. El día en que no tenga la mente en blanco y el estómago a punta de pistola. Que no se me ocurra intentar pensar en algo. Mejor así, vacía, más seguro. No lo soportaría otra vez, ¿para qué? No guardo la esperanza de volver a sentir alegría o tristeza o algo. No quiero volver. Así se está  bien, supongo. El resto lo llaman cansancio y es una justificación  perfecta: sin expresión, con la mirada perdida, cuando ya nada te llama la atención, nada te sorprende y no esperas nada de nada ni de nadie. Pero también te rodea una gran tranquilidad. Y no necesitas nada más.