miércoles, 14 de diciembre de 2016

Cárcel

Mis ojos cometieron un error.

Incluso se le podría llamar delito.

Lo curioso es que nadie se percató. Ni yo.
De hacerlo, nadie me avisó. Hubiera intentado evitar las consecuencias o al menos prepararme para ellas.

Fue tan tarde cuando me enteré de qué había pasado que sólo podía observar inmóvil cómo mis mayores temores, día a día me dejaban el periódico en el buzón cada mañana.

Nadie me creyó.

Era lógico, parecía un  chiste.

Ni yo lo creía, por eso cuando intenté hacer algo, ya no era tarde, era imposible.

Acabé acostumbrándome a despertarme y a dejar que todo girase de manera estática.


Y así fue, cariño, cómo me convertí en mi cárcel tras enamorarme de ti.
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domingo, 11 de diciembre de 2016

Nieve

Vió como se levantaba y se iba. Y sin poder hacer nada para evitarlo, siguió mirando a través del cristal con el café pegado a los labios y una sonrisa triste en los ojos. Era un cálido día de Diciembre con un tímido olor a canela. El vestido rojo ya no se distinguía entre la multitud. Y casi no parecía rojo. Esta vez casi coinciden sus miradas. Volvió a casa dejando palabras en la nieve. Al llegar a casa colgó la sonrisa y el abrigo. A la mañana siguiente durante el desayuno, recordaba haber soñado la noche anterior con un vestido rojo que se perdía en la lejanía.
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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Dirección

Y, ¿qué decirte? Que necesito hablarte de la nada que me rodea.
Me duele algo que no tengo. Y ni una brújula es capaz de decirme hacia donde voy.
Intento seguir como si nada sucediera.
Igual que siempre pero cambiándolo todo.
Parece mentira que el cansancio te dé ganas de correr. Pero, ¿qué hacer?
Si tu sonrisa ya no es suficiente para tranquilizarme y tus te quiero me saben a un chupito una noche de un sábado
Me llena el vacío más inmenso. Y no veas como duele.
Parece mentira que te esté contando esto a ti, que me diste lo que lloro ahora.
Así que perdóname.
Olvida lo que he escrito y también lo que has leído.


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lunes, 28 de noviembre de 2016

Maldición

No le pedí ayuda.
Sé que no me la iba a dar.
La felicidad más incierta y silenciosa me rodeaba.

Me rio de eso que me parecía felicidad. Ningún lobo se disfrazaría tan bien.
Ninguna luz brillaría tanto como yo aquellos días. Y tengo que decir que esa luz no es que se apagara, es que nunca existió.

Fue un reflejo.

El blanco y el negro se transformaron en un arcoiris. Era una ilusión. Te lloré como nunca lloraré. Y lloré un regalo, no una pérdida.
Porque fuiste mi más bonita maldición.
Realmente te quise sin querer queriendo.
La magia más oscura que nadie podrá invocar jamás.
Un amor invertido hacia un final ya escrito.

Y sin vuelta atrás.

El mejor final es sin ti.

Gracias por nada.

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viernes, 7 de octubre de 2016

Cuidado

Cuidado con hacerme daño, dicen que soy inflamable y volátil. Con una chispa, desaparezco, sin dejar rastro, tranquilo, tampoco dejo heridos. Como si nunca hubiera existido. Tal vez, con suerte, o no, te lleves contigo un trocito de mi tras la explosión, algo así como una cicatriz que no te das cuenta de cómo te hiciste pero que está ahí y nunca cicatriza, pero no, no duele, tampoco sabrás nunca de que es.
 Para cuando descubras esa marca, si la tienes, yo ya habré volado y estaré intentando anidar en otra persona, a ver si puede sostener mi nido sin que arda. Parece que nadie puede.


Seguramente, varios años después, nos encontraremos por la calle y sin que sepas porqué mi sonrisa te dolerá, como a mí me dolieron las lágrimas que me hiciste malgastar.  Las cuento, cuantas más hayan sido, peor lo pasarás al verme, sin saber por qué. Las lágrimas cristalizarán y me harán brillar. Los científicos lo llaman belleza.
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domingo, 2 de octubre de 2016

Nada


Nada.  
Eso es todo lo que siento ahora. Y es genial, porque no duele. Si cierro los ojos, sí. Por eso ya no duermo, para que no duela. Simplemente estoy y ,aunque parezca que no, ya es un gran esfuerzo para mí, dada la situación. 
Supongo que llegará el día  en que respire de manera automática y no tenga que pensar todo el rato en que tengo que hacerlo. El día en que no tenga la mente en blanco y el estómago a punta de pistola. Que no se me ocurra intentar pensar en algo. Mejor así, vacía, más seguro. No lo soportaría otra vez, ¿para qué? No guardo la esperanza de volver a sentir alegría o tristeza o algo. No quiero volver. Así se está  bien, supongo. El resto lo llaman cansancio y es una justificación  perfecta: sin expresión, con la mirada perdida, cuando ya nada te llama la atención, nada te sorprende y no esperas nada de nada ni de nadie. Pero también te rodea una gran tranquilidad. Y no necesitas nada más. 
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martes, 20 de septiembre de 2016

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Era martes.
Aunque aquello no tuviese la mayor importancia en aquella situación, pero ella no podía dejar de pensar que ese día era martes. La oscuridad que la abrazaba hacía que se sintiera vacía.

Sola.

Hasta que lo oyó.

Era tan suave que no se le podía llamar susurro. Supo que no estaba sola, el origen del sonido era incierto y no estaba muy segura de si realmente era un sonido o simplemente lo que le hablaba era el silencio. Se quedó quieta, intentando no respirar, a pesar de que sentía la necesidad de gritar y salir corriendo. Cuando le pareció que aquel extraño sonido había desaparecido decidió que tenía que levantarse, salir de donde fuera que estaba. Fue entonces cuando se dió cuenta de que no podía moverse y no solo eso, es que no sentía ninguna parte  de su cuerpo: estaba encerrada dentro de sí misma.
Y para colmo era martes. Nunca le habían gustado los martes, pero a partir de entonces sabía que iba a verlos de otra manera. De otra manera todavía peor y eso si era capaz de salir de alli. Si es que tenía que salir, si es que estaba dentro de algo. Y los vería si es que podía ver, porque no sabía si tenía los ojos abiertos, si estaba rodeada de la oscuridad más clara o si en cambio ya no vería nada nunca más. Hiciera lo que hiciera por comprobar qué era lo que le sucedía, su cuerpo no hacía por ayudarla, no le daba ninguna pista, parecía que estaba completamente desvinculada de él. Realmente quería comprobar que tenía cuerpo, parecía una tontería, tenía que tenerlo, pero ya no estaba segura de nada.
Obviamente también estaba respirando, se dijo, pero tampoco tenía forma de comprobarlo de ninguna manera. Volvió a sentir aquel sonido, no lo oía, lo sentía, le atravesaba la piel, entraba en ella como si fuera un escalofrío y se quedaba allí donde se supone que tendría que estar su estómago, susurrándole una nana mortal. Y en vez de asustarla, acabó por consolarla. El cántico variaba, a veces lo notaba más fuerte, otras veces era más apurado y le daba la impresión de que iba a romperle alguna parte de un cuerpo que no sentía, si es que no estaba roto ya. Iba y venía, sorprendiéndola, haciendo que la echase en falta cuando tardaba en volver lo que a ella le parecía una eternidad.
Cuando ya se había acostumbrado completamente a aquel eco,  como si éste lo hubiese notado, se transformó, ya no era algo sutil,. No, ahora gritaba, Y ahora no le atravesaba la piel como si fuera una caricia, ahora ya no era una nana.Seguía sin ser un sonido, pero si lo fuera hubiera sido el sonido más agudo inventado jamás. Hubiera sido el peor grito de terror que cualquier garganta pudiera producir. Agudo, punzante, directo. Pero no lo era, sólo era algo que ella ni siquiera sabía si existía o no, lo intuía pero no era capaz de saber si distinguir si era  real. Pero le daba miedo. Casi le dolía, cada vez que lo sentía. Era practicamente insoportable. Acabó por no recordar el silencio, aquella sensación pasó a no abandonarla, a no dejar que la extrañara. La inundó, traspasó todo rincón existente de su persona, físico y mental, se ahogó en ella y terminó completándola. Ella se deshizo. Así podía sentirlo mejor. Así todo era mucho más fácil. Y ninguna de las dos volvió a ser la misma. Una perdió su cuerpo y la otra su esencia. Tanto se unieron que acabaron por desaparecer para la otra. Ya no había gritos, ni nanas, ni oscuridad, ni inmovilidad, ni cuerpo, ni silencio, ni dudas, ni miedo, ni soledad. Pero seguía siendo martes.

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domingo, 10 de julio de 2016

Inopia.

Eran las siete. Había llegado a las dos y media a casa. Llegó feliz. Móvil en una mano y pitillo en otra. El primero, casi sin carga, el segundo, con apenas dos caladas, consumido hasta el filtro. Dos alegrías. Una conocida, la otra no. Contrapuestas. Se deslumbran.


Felicidad.


Hora de comer. Restos de sonrisa en el rostro. Sólo una perduraba. La otra se convirtió en costumbre, sin alegría.
Su felicidad se bordaba en aquella pantalla. Podrían estar en otro continente. Sus ganas de vivir estaban ahí. Aquel símbolo de un mensaje podía cambiarle el día en milésimas de segundo.


Palabras. Sólo palabras.


Eran las siete.


Llevaba toda la tarde en un mundo onírico, sonámbulo. Un mundo insomne. No podía ni quería salir. Entre calada y calada, una sonrisa. Cuando se apaga la sonrisa, se encendía el cigarro. Y viceversa. Las agujas siguieron su ritmo. Dieron las diez. El sueño y el cansancio no pudieron con su alegría. Un “duerme bien, mi niña” apagó el día para encender otro, como si de sus pitillos se tratase.


Pasaron años que a Sandra le parecieron muchos más de los que realmente fueron.


Y al final su sonrisa se consumió.

Los mensajes que él le enviaba estaban oscurecidos por una sombra que olía a Chanel.


Cuando aquella sombra desapareció, sus mensajes ya no tenían respuesta.















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sábado, 9 de julio de 2016

Etérea

No podía hablar.
Tampoco tenía porqué hacerlo.
Miraba por la ventana, pero no veía lo que había tras el cristal. No sabía cuánto tiempo estaría así, y desconocía cuánto llevaba. Estaba rodeada de toda clase de objetos, regalos sin abrir, libros, ropa... Pero le inundaba una gran soledad y sólo veía aquello que no tenía.

Bajó a la calle a pasear sus sueños.

La calle estaba repleta, pero ella no veía a la gente que la llenaba.
Hacía frío y ella no lo sentía. Caminaba segura hacia un destino incierto y nadie podría jamás conocer sus pensamientos
Vivía en ellos, eran su hogar.
Podría mirar sin ver, andar sin rumbo aparente que ellos estarían ahí.
Junto a ella.

No la abandonarían.

Jamás.

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jueves, 7 de julio de 2016

Ilusión

Un atardecer en tus brazos y una sonrisa en los ojos.

Una vela apagada de un beso para que la oscuridad te ilumine la cara.

Una imagen sin sombra la noche de un viernes y un cálido abrazo en un banco.

Unas huellas que nadie va a seguir y un halago que jamás se inventó.

Aquella tranquilidad en el ruido de tu risa y la seguridad en tu caos.

Cada mañana despierto para soñar sin ti y desayunar buenas noches con sabor a ayer.
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miércoles, 6 de julio de 2016

Magia.

Y cuando caiga el último pétalo de la rosa, no, no dejaré de quererte, no, eso sería auténtica magia, sólo morirá mi sonrisa.

Los animales no me ayudarán con las tareas y la segunda estrella a la derecha será el supermercado de la esquina. El polvo de hada se posará en los muebles esperando a ser barrido.

A las 12 las pequeñas preocupaciones  se transformarán en grandes problemas que querrán entablar conversación para robarme el sueño.

Ningún beso tuyo podrá despertarme y sólo nos conoceremos de cruzarnos por la calle, esperando el bus o por estar en una cafetería.

Nunca me imaginaré cómo sería una vida juntos ni esperaré a oír mi nombre en tus labios una tarde lluviosa.

Nuestros guiones no son de la misma película.
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